Verdades Esenciales Sobre: La Salvación

Efesios 2:8-9: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

La doctrina de la salvación entendida bíblicamente contraste mucho con otros entendimientos que las personas tienen incluso dentro de círculos que se llaman cristianos. Algunos individuos y organizacións creen que la salvación se obtiene por tener un buen récord de comportamiento delante de Dios. Otras personas e iglesias afirman que la salvación es por pura gracia pero que no necesariamente debe producir un cambio en el individuo. Allí radica la gran importancia de comprender la salvación bíblicamente. Por eso hoy abordaremos cuatro verdades esenciales sobre la salvación.

1- Todos necesitamos salvación

Romanos 3:23: por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios

1 Juan 1:8: Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros.

Romanos 3:10-11: Como está escrito: «No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios.

Las Escrituras son muy claras respecto a la condición espiritual de los seres humanos. Estos tres versículos testifican a favor de la doctrina de la depravación total del hombre, lo cual significa que todos los seres humanos son pecadores rebeldes en contra de Dios. Lo único que los seres humanos merecen recibir es la ira de Dios, pues están separados de la gloria y la comunión con Dios a causa del pecado, y esto nadie lo puede negar ni arreglar por sus propios méritos.

El apóstol Juan afirma que la negación del pecado sólo nos hace mentirosos delante de Dios, ya que todos estamos bajo la esclavitud y condenación del pecado desde el momento en que nacemos. Por tanto, es preciso afirmar con el apóstol Pablo que en toda la historia desde Adán y Eva no hay ni siquiera una persona que cumpla con el estándar de justicia que exige la Ley del Señor. Esto significa que todos necesitamos ser salvados de la ira de Dios a causa de nuestros pecados.

2- La salvación es sólo por gracia

Efesios 2:4-5: Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).

Efesios 2:8-9: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

Romanos 3:24: Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús

Romanos 11:6: Y si es por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no sería gracia. Y si es por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no sería obra.

La salvación es por gracia. Y no puede ser de otra manera porque Dios, siendo perfecto, requiere méritos perfectos. Y esto es imposible para nosotros porque estamos manchados con nuestro propio pecado. Esto nos pone en una desesperada necesidad de gracia. Por eso, el Dr. John MacArthur afirma lo siguiente en su Biblia de Estudio:

“La salvación es para la gloria de Dios porque despliega su misericordia y amor sin límites hacia aquellos que están muertos en sentido espiritual a causa de su pecaminosidad.”

En esta salvación gratuita. No hay lugar para que el pecador intente impresionar a Dios con sus buenas obras, sino que es Dios mismo quien decide desplegar su amor incomparable e impresionarnos a nosotros con las riquezas de su gracia. De acuerdo al apóstol Pablo, la salvación no depende de nosotros, sino que es un regalo inmerecido de Dios hacia el pecador; por esa gracia inmerecida es que los pecadores son declarados justos por el Padre mediante Jesucristo.

Las palabras de William MacDonald nos ayudan a entenderlo mejor:

“Estos dos principios -la gracia y las obras- son mutuamente excluyentes. Un don no se puede ganar. Lo que es gratis no se puede comprar. Lo que es inmerecido no puede merecerse.”

Lo único a lo que podemos atribuir nuestra salvación es la incomparable gracia inmerecida de Dios, no a nuestros propios méritos. Si fuera por nuestros méritos, simplemente debemos entender que es imposible alcanzar salvación delante de un Dios tres veces santo y perfecto.

3- La salvación es sólo por fe en Cristo

Juan 1:12: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

Efesios 2:8: Porque por gracia sois salvos, por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.

Romanos 1:16: Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.

Hechos 16:31: Ellos dijeron: –Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa.

La única manera en que los seres humanos pueden ser declarados justos delante de Dios es que crean en Jesucristo, que tengan fe en él. Creer en Jesucristo o tener fe en él significa descansar totalmente en su obra en la cruz y no confiar en nuestras obras. Pablo dice que el evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. Y como bien lo comenta el pastor John MacArthur, “aplicado al concepto de salvación, este término ocurre por lo general en el tiempo presente (“que cree”), lo cual recalca que la fe no solo es un acontecimiento histórico que sucede una vez, sino una condición perseverante y continua.”

Esta fe salvadora es un regalo que Dios nos otorga por su gracia. Esto significa que ni aún la propia fe que ejercemos es una obra nuestra, sino un regalo de Dios. “Aunque se requiere que los hombres crean para ser salvos, hasta la fe es parte del don de Dios que salva y no puede ejercerse con base en algún poder personal”, escribe el pastor John MacArthur. Por tanto, vemos aquí que la única manera de salvación es descansar y confiar plenamente en la obra que Jesús hizo en la cruz. Son sus méritos los que nos dan el derecho de acercarnos a la presencia de Dios sin temor de ser fulminados en el instante. Si dependiera de los seres humanos y de sus obras, nunca nadie sería salvo.

4- La verdadera salvación produce buenas obras

Romanos 6:1-2: ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

Efesios 2:9-10: No por obras, para que nadie se gloríe, pues somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.

2 Corintios 5:17: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas.

A veces podemos confundir los términos cuando hablamos de salvación por gracia y por fe. Podemos llegar a creer que nuestras buenas obras no tienen ninguna importancia. Sin embargo, como vemos en Romanos, Pablo nos llama a no continuar en el pecado una vez que hemos experimentado la salvación. En otras palabras, nadie que sea verdaderamente salvo tendrá una actitud amigable hacia el pecado con la excusa de que la gracia de Dios no lo dejará caer.

Como Pablo escribe en Efesios, la salvación no es por obras, es decir, la salvación no se puede alcanzar mediante buenas obras, sino que es por gracia. Por otro lado, sólo un versículo adelante, él mismo escribe que la salvación de los creyentes es para buenas obras, para que andemos en santidad y en justicia, practicando las buenas obras que el Padre preparó de antemano para que andemos en ellas.

2 Corintios también se nos enseña que los creyentes andan en buenas obras, no para alcanzar la salvación, sino como producto de haber nacido de nuevo. Las cosas viejas (el pecado) han pasado, no deben tener lugar más en nuestras vidas; al menos, no debemos pecar deliberadamente. Cuando Pablo escribe que todas las cosas son hechas nuevas para aquellos que han nacido de nuevo, significa que ahora obedecemos con un nuevo corazón, no un corazón que busca agradar a Dios para conseguir la salvación, sino un corazón que busca agradar a Dios en respuesta a su gracia salvadora que nos ha dado el privilegio de descansar en la obra perfecta de Cristo en la cruz.

Considerando esto, necesitamos pedir al Señor que nos dé seguridad de estar descansando sólo en Cristo para salvación y no buscar descansar en nuestros propios méritos o buenas obras; que nos ayude además a responder en agradecimiento por una salvación tan grande para practicar las buenas obras que él preparó de antemano para nosotros; y que nos ayude a siempre ser fieles a él cuando compartimos estas enseñanzas con otros.

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