Verdades Esenciales Sobre: Jesucristo

Él les preguntó: –Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? (Mateo 16:15)

Es muy importante para los creyentes saber cómo responder a la pregunta «¿Quién es Jesús?» Después de todo, la fe cristiana se trata de Él, por lo que la iglesia debe conocerle de acuerdo a la revelación bíblica. Hoy consideraremos tres verdades esenciales para refinar nuestro entendimiento de quién es nuestro Señor Jesucristo.

1- Jesucristo es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre

Juan 1:1: En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios.

Juan 1:14:  Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre.

Juan 10:30: El Padre y yo uno somos.

Juan 14:9: Jesús le dijo: –¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: “Muéstranos el Padre”?

Muchas personas creen que Jesucristo sí es Dios, pero que no es verdaderamente hombre; otros creen que Él es hombre verdaderamente, pero que no es Dios. Ambas ideas son erróneas y contrarias a las Escrituras, pues ellas nos enseñan que Jesucristo es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre.

De acuerdo al apóstol Juan, Felipe tenía un entendimiento erróneo sobre la deidad de Jesús al pedirle que le mostrara al Padre. El comentarista William MacDonald lo explica con mucha claridad:

«Felipe había estado con el Señor durante largo tiempo. Había sido uno de los primeros discípulos llamados. Pero todavía no era consciente de la plena verdad de la deidad de Cristo y de Su unidad con el Padre. No sabía que cuando contemplaba a Jesús, estaba contemplando a Aquel que exhibía al Padre a la perfección.»

Al principio de su Evangelio, Juan habla del Verbo. Este término es usado para hablar de la Divinidad de la segunda Persona de la Trinidad. Juan dice que el Verbo ya existía antes del principio de todas las cosas, que el Verbo tenía plena comunión con el Padre, y que el Verbo era de la misma esencia de Dios, es decir, Dios mismo. Luego, en el versículo 14, Juan dice que ese verbo fue hecho carne.

Las siguientes palabras de la Biblia de Estudio MacArthur son de especial importancia para entender esto:

“Aunque en términos de su humanidad Jesús contaba con una genealogía humana, en términos de su deidad Él no tuvo genealogía en absoluto (…) El Verbo, como la segunda persona de la Trinidad, había estado en comunión íntima con Dios el Padre durante toda la eternidad. Aunque el Verbo disfrutó los esplendores del cielo y la eternidad con el Padre, Él renunció por voluntad propia a su posición suprema en el cielo para adoptar la forma de hombre y ser sometido a muerte en una cruz romana (…) Mientras que Cristo como Dios fue eterno y nunca creado, la expresión “fue hecho” confirma que Cristo adoptó la naturaleza humana. Esta realidad es sin duda alguna la más profunda e inescrutable en toda la historia porque indica que el Infinito se volvió finito, el Eterno se conformó al tiempo, el Invisible se hizo visible y el Sobrenatural se redujo a sí mismo a lo natural. Sin embargo, en la encarnación el Verbo no dejó de ser Dios, sino que se volvió Dios en carne humana, sin disminución alguna en forma humana como varón o segundo Adán.”

En Jesús habitan plenamente tanto la naturaleza humana como la divina, con la excepción única de que él nunca pecó. Eso lo hace diferente de todos demás los seres humanos en este aspecto.

2- Jesucristo es el Señor de todo

Colosenses 1:15-17: Cristo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes que todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.

Pablo nos da en estos versículos algunas de las frases que nos ayudan a entender la preeminencia de Jesucristo en la creación. Puesto que Jesús es la imagen de Dios, es decir, Dios encarnado, todo lo que fue creado es de él y para él. Cuando Pablo habla de que Jesús es el primogénito, no habla de que Jesús fue creado primero que todas las cosas, sino de su lugar preeminente sobre toda la creación. Esto puede entenderse mejor a partir de las siguientes palabras: «Jesús es el primogénito en el sentido de que Él tiene la preeminencia absoluta y posee el derecho de heredar “toda creación”. Él existió antes de la creación y está exaltado por encima de todo lo creado.» (John MacArthur)

Necesitamos entender el Señorío de Cristo. Eso nos alejará del error de creer y hablar de Cristo como Salvador y no como Señor. La Biblia nos muestra claramente que Jesucristo tiene el lugar de preeminencia absoluta en toda la creación, y eso incluye nuestras vidas en su totalidad.

3- Jesucristo es el único Salvador de los pecadores

Hechos 4:12:  Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

Juan 14:6: Jesús le dijo: –Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.

Romanos 5:8:  Pero Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Estos versículos presentan a Jesucristo como la única fuente de salvación. Esto está en contra de otras religiones que afirmen que «todos los caminos llevan a Dios» o que «todos somos hijos del mismo Dios». Como Jesús mismo lo expresó, solo Él es el camino al Padre. A través de su muerte y resurrección, Jesucristo compró nuestra redención eterna. El Dr. John MacArthur lo expresa así: «Solo hay dos caminos en la vida religiosa: el camino ancho de las obras que conduce a la muerte, y el camino estrecho de la fe en Jesús que conduce a la vida eterna.»

Comentando sobre Romanos 5:8, el cual nos habla del gran amor de Dios, el comentarista William MacDonald escribe:

«El amor de Dios es totalmente sobrenatural y extramundano. Demostró Su maravilloso amor por nosotros enviando a Su amado Hijo, cuando siendo nosotros aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Si preguntamos por qué lo hizo, hemos de buscar la respuesta en la voluntad soberana de Dios mismo. No había bien alguno en nosotros que pudiese suscitar tal amor.»

Solo Jesucristo, por medio de su vida perfecta, su muerte expiatoria en la cruz, y su gloriosa resurrección, pudo comprar nuestra redención; solo él es el Salvador de los pecadores. Solo él es Dios y Señor.

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