Verdades Esenciales Sobre: Dios

La serie Verdades Esenciales consiste en una cantidad de artículos sobre temas doctrinales básicos. A la vez que son una articulación sencilla de la fe cristiana, me permiten dar a conocer aquellas cosas que sostengo como verdades eternas y que moldean mi fe. Advertencia: No esperes nada nuevo si eres creyente. 🙂


Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.

Deuteronomio 6:4

Deuteronomio 6:4 era la confesión diaria de todos los judíos piadosos, en la cual se reconoce que el Dios de las Escrituras es uno solo. El pastor John MacArthur explica en su Biblia de Estudio que la intención de estas palabras era dar una afirmación clara de la verdad del monoteísmo, es decir, la verdad de que solo hay un Dios.

En esta segunda entrada de la serie Verdades Esenciales consideraremos tres verdades importantes y esenciales sobre Dios.

1- NUESTRO DIOS ES UNO

Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto.

Isaías 45:5-7

Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios.

1 Corintios 8:4

Las Escrituras son claras respecto a que Dios es uno solo y que no hay más dios que él. Isaías deja claro en los versículos anteriores que Dios es el único soberano sobre todos los fenómenos del mundo. Solo Él tiene dominio sobre todo y por tanto nadie debería adorar otros dioses. Solo el Dios de la Biblia es digno de adoración porque sólo él es poderoso.

Pablo nos ayuda a completar lo expresado por Isaías cuando habla de que nadie debería ofrecer sacrificios, ni ofrendas, ni adoración a los ídolos, porque sólo Dios es digno de adoración. Por tanto, los creyentes deben tener claro que el único Dios que merece adoración es el Dios que se ha revelado en las Escrituras, y que no hay nadie fuera de él que merezca adoración y reverencia.

2- NUESTRO DIOS ES UN ESPÍRITU

Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Juan 4:24

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.

Hechos 17:24-25 

Hablando con la mujer samaritana, Jesús le aclaró que la naturaleza de Dios no es material, sino espiritual. Por tanto, la mujer no debía enfocarse en un solo lugar para adorar a Dios, sino adorarlo en Espíritu. Adorar en espíritu es precisamente adorarle con la parte inmaterial del ser humano, enfocado en el ser inmaterial de Dios revelado en las Escrituras.

Cuando Pablo hablaba con los filósofos en Atenas, les dejó clara esta misma idea cuando afirmó que el Dios Creador no habita en templos físicos, ya que no es como los otros dioses que ellos adoraban, los cuales estaban construidos a base de materiales. La naturaleza del Dios que nos revelan las Escrituras es una naturaleza espiritual. Él es Espíritu, y por tanto no debemos hacernos imagen ni semejanza de ninguna cosa creada.

3- NUESTRO DIOS EXISTE ETERNAMENTE EN TRES PERSONAS

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;

Mateo 28:19

La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

2 Corintios 13:14

La fórmula bautismal que Jesús instituyó para la iglesia revela que nuestro Dios existe eternamente en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Muchas personas creen que los cristianos adoramos a tres dioses, pero esto es una herejía. Lo correcto es afirmar que Dios es uno en esencia y tres en personas.

Una de las maneras en que podemos confirmar la doctrina de la Trinidad es fijar nuestra atención en lo que las Escrituras enseñan sobre la salvación: el Padre diseña el plan de redención; el Hijo lo ejecuta al encarnarse, vivir perfectamente, morir en la Cruz y resucitar victoriosamente; y el Espíritu Santo regenera y preserva a los creyentes hasta el día final. Aunque Dios es uno en esencia, cada una de las Personas de la divina Trinidad cumple tareas específicas en la salvación de los pecadores y las tres Personas merecen la misma reverencia. Algunos hablan de esta distinción como una distinción económica y funcional, pero claro, el lenguaje humano se queda corto para expresar el misterio de la trinidad.

Lo que sí sabemos por cierto es que nuestro Dios es uno en esencia y tres en personas, y que cada una de las Personas de la Trinidad merece nuestra adoración y reverencia por igual.

Puedes leer los otros artículos de la serie aquí.

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