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Una Vida Sencilla y Tranquila Glorifica a Dios

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Uno de los descubrimientos personales que más ha transformado mi perspectiva de la vida es que puedo y hasta quizá debo anhelar tener una vida tranquila… y que con esto también puedo glorificar a Dios.

Te cuento rápidamente.

Hubo un tiempo en que vivía sobrecargado, intentando hacer mil cosas a la vez. Por ejemplo, tuve dos trabajos mientras estudiaba dos carreras.

¿Te imaginas lo loco que me estaba volviendo?

Y no quiero que me malentiendas. Sé que es probable que hermanos muy queridos que me conocieron en ese tiempo me estén leyendo ahora mismo. Y sé que ellos darán testimonio fiel de que mi deseo al hacer estas cosas era en realidad glorificar a Dios.

Contrario a haber algo malo, tomar mucha responsabilidad en el trabajo, los estudios y el ministerio es algo loable.

¡Dios nos libre de querer vivir vidas despreocupadas!

Sin embargo, en este afán por hacer que mi vida valiera la pena cada segundo, me encontré de repente sobrecargado, fatigado, y descuidando relaciones importantes. Incluso descuidé la más importante: mi relación con el Señor que me ha salvado.

Y en realidad, no es que las muchas responsabilidades (legítimas por cierto) nos alejen del Señor. El problema es que somos personas finitas, con límites, y necesitamos depender en todo momento de Aquel que es nuestra fuente de vida y productividad.

Por eso, cuando Jesús dijo que él es la Vid y que sus seguidores somos los pámpanos, la implicación es que no podemos tener una vida productiva y llena de satisfacción si no estamos en relación permanente con él (Juan 15:1-8).

Glorificamos a Dios con nuestros frutos en la medida en que esos frutos son producidos por una relación vital y permanente con Jesucristo, quien es nuestra única fuente de vida espiritual.

Ahora, luego de un colapso que me hizo reconfigurar totalmente mi vida en todas las áreas (emocional, vocacional, ministerial), aún estoy caminando entre los escombros e intentando reconstruir lentamente. Aún estoy pidiendo al Señor que me ayude a caminar fielmente hacia él.

Aún estoy luchando duramente con uno de mis mayores problemas: la desorganización. Por ejemplo, no debería estar escribiendo esto a las 2:30 a.m. Debería estar dormido para levantarme temprano, hacer algo de ejercicio, y trabajar con muchas energías.

Pero mientras sigo en este viaje, he aprendido que no puedo andar por la vida intentando hacer muchas cosas si la vitalidad de mi espíritu no es cada día renovada por la Vid verdadera.

He aprendido también que tener una vida tranquila es una ambición cristiana. No es un pecado. Y esto ha transformado completamente mi manera de entender la vida.

El apóstol Pablo lo escribe así:

Tengan por aspiración vivir en tranquilidad… (1 Tesalonicenses 4:11a)

Y este versículo es parte de una sección en la que el apóstol escribe exhortando a los hermanos de Tesalónica a vivir vidas que agraden al Señor en todas las áreas.

Si hoy me preguntas cuál es una de mis ambiciones más grandes en la vida, te diría que es vivir una vida tranquila delante del Señor, servirle en lo que pueda con todo el corazón. Y claro, acepto que la vida cristiana es muchas veces dura. No podemos escapar a las dificultades propias de la vida cristiana.

Sin embargo, creo firmemente por este y otros versículos bíblicos que una vida tranquila y sencilla también glorifica a Dios.

Y ojo que no menosprecio para nada los grandes esfuerzos que muchos hermanos hacen por servir al Señor. Nadie que pierda su vida por el Señor se quedará sin una recompensa gloriosa (yo mismo quiero eso).

Mi punto más bien es que de nada nos sirve (y lo digo por experiencia propia) tener un «ministerio público» o una vida muy ocupada a expensas de una vida de devoción al Señor.

Nota: Elaboraré más sobre esto en próximos artículos en este blog.

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