Salvados Contra Todo Pronóstico

«Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.» (Romanos 5:7-8)

En las películas de héroes y villanos siempre hay un factor común: Los héroes se sacrifican por las personas buenas. Si alguien quisiera dar su vida por una persona mala, quizá no sería visto como un héroe. Sin embargo, aquí tenemos a Cristo, nuestro héroe inusual.

Pablo dice que sería muy extraño, aunque ciertamente puede darse, que alguien diera su vida por alguna persona buena. Por ejemplo, podemos estar de acuerdo en dar nuestra vida por un buen hijo, por una anciana indefensa y buena, o por una persona que nos haya hecho algún bien. Aunque claro, eso sería muy raro.

Sin embargo, nadie daría su vida por un criminal cuyos crímenes han sido probados y demostrados. Demandaríamos que muera en la cárcel y el aislamiento cruel. He allí la diferencia entre nuestro carácter humano y el carácter divino de Cristo.

Él no vino a morir por las personas buenas, sino por los villanos. Todo lo que creíamos saber sobre lo honorable y lo heroico toma otro sentido totalmente diferente cuando vemos a Cristo muriendo por sus enemigos, aquellos que le ofenden día con día.

Por supuesto, esto debe llenarnos de gozo al entender que, mientras que no teníamos esperanza de que alguien pusiera su vida para salvarnos, Cristo nos ha salvado contra todo pronóstico.

El Señor quiso humillarse para darnos salvación; recorrió la infinita distancia entre el cielo y la tierra; acortó la infinita distancia entre un Dios santo y sus criaturas rebeldes; y se humilló a sí mismo muriendo por nuestros pecados.

Qué verdad más gloriosa es esta. Vivamos en gozo y regocijo por tener un Dios tan amoroso.

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