Repensar la Vida no es Cosa Fácil

Repensar la vida no es cosa fácil.

No sé si todos, pero muchos pasamos por situaciones que nos hacen repensar la vida, replantearnos aquellas cosas que muchas veces dábamos por sentado.

La carrera que asumimos que estudiaríamos. El empleo que creíamos estaba seguro. El ministerio que esperábamos desempeñar. El negocio que estaba a punto de concretarse. El matrimonio que esperábamos con cierto tino de seguridad y optimismo.

Y de pronto, todo se viene abajo, y necesitamos comenzar a reconstruir nuestra idea de la vida desde cero prácticamente.

Hace más de un año me pasó algo similar, y me he dado cuenta de que aún me encuentro repensando la vida. Fue una situación que movió por completo los cimientos de mi existencia.

Cuando creía ser fuerte, la vida me llevó a darme cuenta de lo frágil que soy. O más bien, el Señor me demostró que nunca he tenido control de mi vida. Ahora creo que soy una persona totalmente diferente, aunque durante más de un año me he negado a aceptar que he cambiado.

Durante mucho tiempo he creído necesario añadir notas explicativas a todo lo que escribo, pero ahora creo que es momento de aceptar que para muchas de las cosas que han pasado simplemente no tengo explicación.

No es que no haya examinado mi corazón. No es que no sepa identificar los errores que me llevaron al punto de quiebre. Simplemente sucede que no puedo articular lo difícil que las cosas han sido.

En la teoría, es muy fácil decirle a otros que sean fuertes ante cualquier situación.

Es muy sencillo simular empatía hacia los que sufren los embates de la vida, o más bien, los embates de sus propios errores.

En la práctica, la vida es totalmente distinta. Somos tan frágiles y sufrimos mucho cuando las cosas cambian. Pero allí vamos, reestructurando la vida.

Si algo deseo mientras me toca reestructurar mi vida es aprender a no asumir que soy sabio o que soy fuerte.

Quiero ser capaz de reconocer mi torpeza y correr al Señor, al trono de la gracia, para hallar el oportuno socorro.

Hoy, aún quebrado por todo lo que ha sucedido, soy alguien que piensa un poquito más antes de hablar, alguien con miedo de decir y hacer cosas de las cuales no estoy plenamente convencido.

Soy una oveja torpe que tiene que aprender a ser guiada y hasta corregida por el cayado del Pastor.

Aún con toda mi torpeza, encuentro que estas cosas que el Dr. J. I. Packer sugería que nos digamos cada día me reconfortan a cada momento:

  1. Soy un hijo de Dios.
  2. Dios es mi Padre.
  3. El cielo es mi hogar.
  4. Cada día está más cerca.
  5. Mi Salvador es mi hermano.
  6. Cada cristiano es mi hermano también.