Regenerados para Conocer a Dios

Este es el segundo artículo de nuestra serie Cómo Conocer a Dios. Puedes leer la introducción a la serie si aun no lo has hecho.

Lo primero que una persona necesita para poder conocer verdaderamente a Dios es estar viva espiritualmente. Más que un principio bíblico, nacer de nuevo es el primer paso para tener un conocimiento cabal de Dios (un paso que no tomamos nosotros). Una persona que no haya nacido de nuevo puede pasar por los mismos procesos formativos que un creyente, pero el conocimiento que obtenga de las cosas religiosas jamás producirá ningún efecto en su vida.

Según el apóstol Pablo, a menos que una persona sea liberada de la oscuridad espiritual en que todos los seres humanos se encuentran por naturaleza, nadie puede entender las cosas espirituales:

Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

(2 Corintios 2:14)

Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.

(2 Corintios 4:4)

Estos dos pasajes afirman la verdad que en teología reformada se conoce como incapacidad humana (o depravación total). Según esta enseñanza, el hombre es incapaz de conocer a Dios por sus propios medios o deseos. Y la razón de esto es que, a partir de la Caída de Adán y Eva en el pecado (Gn. 3), el hombre nace muerto espiritualmente. Esto es contrario a la naturaleza santa y espiritual de las cosas de Dios.

Como bien lo escribe el apóstol Pablo, el hombre natural considera las cosas de Dios como “locura” y no las puede comprender, no porque el hombre sea un ser incapacitado para tener algún entendimiento o aprendizaje de manera general, sino porque el hombre está espiritualmente cegado, bajo el dominio de lo que Pablo llama “el dios de este siglo.”

Estas declaraciones del apóstol Pablo son confirmadas en la Confesión de fe de Westminster, capítulo IX., Sección iii, donde se declara lo siguiente:

«El hombre, mediante su caída en el estado de pecado, ha perdido totalmente toda capacidad para querer algún bien espiritual que acompañe a la salvación; de tal manera que, un hombre natural, siendo completamente opuesto a aquel bien, y estando muerto en pecado, es incapaz de convertirse, o prepararse para ello, por su propia fuerza.».

La Confesión de Fe de Westminster

Es evidente que la incapacidad humana no simplemente recae sobre las acciones, sino sobre el entendimiento del hombre. La incapacidad del hombre consiste en que no puede comprender ni aplicar las cosas espirituales a su vida. El hombre no puede, como dice la Confesión, “querer ningún bien espiritual que acompañe a la salvación.

Y por supuesto, el principal bien que acompaña y origina la salvación en la experiencia humana es el conocimiento de Cristo. Conocer a Dios es conocer a Cristo, ya que en él vemos la gloria de Dios plenamente revelada. Sin embargo, Pablo habla de que los hombres han sido cegados por Satanás, de manera que “no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”

En otra parte, Pablo habla de esta oscuridad espiritual como muerte espiritual:

En cuanto a ustedes, estaban muertos en sus delitos y pecados, en los cuales anduvieron en otro tiempo conforme a la corriente de este mundo y al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora actúa en los hijos de desobediencia.

Efesios 2:1-2 RVA-2015

Estos versículos presentan al ser humano como alguien incapacitado para conocer al Señor, muerto espiritualmente. Aunque el hombre está vivo físicamente de modo que sigue “la corriente de este mundo”, la condición espiritual del tal es de muerte espiritual. Por eso es tan gloriosa la salvación que Dios da al pecador porque consiste en traerlo de la muerte a la vida:

Pero Dios, quien es rico en misericordia, a causa de su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en delitos, nos dio vida juntamente con Cristo. ¡Por gracia son salvos!

(Efesios 2:4-5)

Nadie que no haya sido regenerado por el Espíritu de Dios puede conocer verdaderamente a Dios. Sólo cuando el Espíritu Santo trae al pecador de la muerte a la vida es que el hombre puede apreciar el conocimiento de Dios y las riquezas de su gracia. De lo contrario, el hombre anda por la vida con un entendimiento oscurecido, sin poder ver ni siquiera un destello de “la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”

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