¡Perdona! ¡Y Hazlo Muy Pronto!

Al menos en mi experiencia, pocas cosas hay tan duras como el remordimiento de no haber perdonado en el momento justo. No haber sido capaz de decir algo como «Ven acá, te perdono, perdóname también» es algo que puede hacernos sentir destrozados incluso años después.

Y no es para menos. Cuando somos dañados por alguien, generalmente nos llenamos de enojo y —aunque pensemos que no somos vengativos— nuestros corazones se llenan de un deseo de venganza que no nos deja ver el panorama claramente. No medimos el precio de nuestras acciones en el momento, y respondemos de manera que la otra persona se sienta horriblemente mal por lo que nos ha hecho.

Lastimosamente, cuando fallamos en perdonar, fallamos en ser como Cristo. El apóstol Pablo nos llama a perdonar a otros de la misma manera que Cristo nos perdonó (Col. 3:13). Pero muchas veces nuestras actitudes reflejan la emoción negativa del momento y no son controladas por una mente renovada en Cristo. Como si fuéramos mejores que Cristo, no somos capaces de pasar por alto la ofensa.

Y lastimosamente, aunque ahora estaríamos dispuestos a hacer esa llamada o enviar ese mensaje para decir que sentimos todo lo que ha pasado, quizás las personas no estén más y el dolor en nuestro corazón sea demasiado grande. Cristo siempre está allí como buen Salvador para perdonarnos, pero habremos gastado una oportunidad de ser como él y sentir gozo en ello.

No sé si lo has pasado, pero por favor, si está en tus manos, trata de perdonar a otros como Cristo te perdonó: completamente y sin demora. Recuerda siempre el consejo bíblico que te llama a procurar estar en paz con todos en cuanto dependa de ti (Ro. 12:18).