Tenemos Paz con Dios por la Fe

«Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Romanos 5:1)

La justificación es el acto por medio del cual Dios nos declara justos en virtud de nuestra fe en Cristo.

En esta declaración, Dios no ve justicia en nosotros porque somos pecadores injustos. Más bien, el Señor efectúa un intercambio en el que la perfecta justicia de Cristo es contado a nuestro favor cuando ponemos toda nuestra confianza en él, y nuestro pecado es contado como pagado por el sacrificio de Cristo en la cruz.

El primer gran beneficio que podemos disfrutar cuando somos justificados es la «paz para con Dios». Esto presupone que antes de haber paz, hubo enemistad o guerra, lo cual nos lleva a la idea de la reconciliación.

Como pecadores, somos todos enemigos del Señor a causa de nuestro pecado. Sin embargo, en un acto de su sola gracia, el Señor envió a su Hijo para reconciliarnos consigo mismo por medio de su obra.

El enemigo se convierte en amigo, el huérfano se convierte en hijo, y el forastero viene a ser parte de la familia de Dios. Ahora podemos regocijarnos y vivir a la luz de esta gran noticia: ¡tenemos paz con Dios! Esa paz debe verse aún en los momentos de angustia.

La peor amenaza ha sido quitada porque ahora ya no somos objetos de la ira de Dios, sino que somos sus hijos. Nada, ni siquiera la peor amenaza que pudiera venir para nosotros, puede arruinar nuestra eterna esperanza en Cristo.

En parte eso es lo que Pablo quiere comunicarnos cuando dice que la paz de Dios es aquella que sobrepasa todo entendimiento (Fil. 4:7). En momentos difíciles, podemos gloriarnos en el hecho de que lo peor que podría pasarnos está solucionado. Podríamos recibir el justo y duro juicio de Dios, pero hemos sido declarados justos por la fe, y ahora tenemos paz eterna con nuestro Creador.

Permite que eso te llene de gozo este y todos los días de tu vida.

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