Lo que Dios Odia P8: La Contienda

La unidad es fundamental para las relaciones humanas. Es una verdad generalmente aceptada que todo esfuerzo marcado por la división no puede prevalecer. Así lo enseñó Jesús al defenderse contra las acusaciones de sus opositores (Mt. 12:25).

Además, la unidad es fundamental en la vida cristiana. El Señor Jesús afirmó esto a sus discípulos: «En esto conocerán todos que son mis discípulos: si tienen amor los unos por los otros» (Jn. 13:35). ¿Quieres conocer a un grupo de cristianos verdaderos? No te fijes tanto en su estándar moral, su forma de vestir, ni siquiera en su forma de cantar, sino en su forma de amarse unos a otros. Conóceles en el tiempo y mira cómo se aman.

Lastimosamente, la unidad no siempre es perseguida por todos. Proverbios 6:19 afirma lo siguiente: «[Dios odia a aquel] el que provoca discordia entre los hermanos».  En esta última parte de nuestra serie Lo que Dios Odia, consideraremos la tan pecaminosa tendencia de causar divisiones en contextos como la familia y la iglesia. La Biblia, y especialmente el libro de Proverbios, se toma muy en serio esto:

  • El hombre perverso provoca la contienda, y el chismoso aparta los mejores amigos. (Pr. 16:28)
  • Echa fuera al burlador y se evitará la contienda; también cesarán el pleito y la afrenta. (Pr. 22:10)
  • Sin leña se apaga el fuego; y donde no hay chismoso cesa la contienda. (Pr. 26:20)
  • Pero evita las discusiones necias e ignorantes sabiendo que engendran contiendas. (2 Ti. 2:23)

Estos versículos nos dan una luz sobre al menos cuatro cosas que causan discordias:

La perversidad

Una persona perversa es una persona cuyos pensamientos no están gobernados por un deseo de agradar a Dios, sino por un deseo de agradarse a sí misma. Más concretamente, el perverso que se menciona aquí pareciera agradarse en tener actitudes que lleven a las personas a no estar de acuerdo.

Quizá estemos ante un paralelismo sinónimo donde el perverso de la primera frase sea el mismo chismoso de la segunda frase de este proverbio. En todo caso, una persona cuyos pensamientos no son santos puede tener actitudes que nos lleven a la contienda.

El chisme

El chismoso es capaz de apartar a los mejores amigos. Si no es que nosotros lo hemos practicado, todos hemos conocido a personas que les encanta chismear, inventar cosas sobre aquellos que no están presentes al momento de la conversación, y dar rienda suelta a acusaciones contra los que no se pueden defender.

El chisme es comparable con la leña, la cual enciende el fuego; así es el chismoso, capaz de causar grandes problemas entre hermanos.

Las burlas

El burlador es una persona que no teme a Dios. No solo es una persona que se ríe de todo, sino una persona que no toma en serio nada. No tiene respeto por la autoridad, no parece ser consciente de las consecuencias de sus acciones. Este tipo de persona imprudente y hasta malintencionada puede causar grandes discordias y es mejor alejarnos de ellos. Más importante aún es cuidarnos de no practicar las actitudes de un burlador.

Las discusiones necias e ignorantes

Hace un tiempo, un grupo de amigos se habían encontrado con unas exposiciones bíblicas sobre Génesis 1. Esta exposición versaba sobre un entendimiento no literal del primer capítulo de la Biblia. Más específicamente, entendían que había una brecha de millones de años entre Génesis 1:1 y Génesis 1:2.

Recuerdo que propiciaba grandes discusiones a veces al momento de la cena. Ellos estaban convencidos de esta nueva enseñanza y querían que todos también expusiéramos nuestro entendimiento.

Recuerdo la tentación de no quedarme callado e intentar responder de alguna manera. Este es un ejemplo de conversaciones necias e ignorantes. Son conversaciones innecesarias que no traen ningún beneficio espiritual.

Venciendo la discordia con la unidad del Espíritu

Entender que Dios odia la discordia y la falta de unidad debe hacer que nosotros también la odiemos y caminemos en dirección hacia la unidad. La discordia demuestra que no somos espiritualmente sabios. Por eso debemos venir cada día al Señor en oración para pedirle sabiduría. También debemos llenarnos de la Palabra de Dios porque en ella encontramos lo necesario para vivir en unidad y no causar divisiones.

Estas palabras del apóstol Pablo nos llaman a la unidad del Espíritu, y esa unidad se encuentra en una doctrina fundamentada en la Biblia que nos es común a todos:

Por eso yo, prisionero en el Señor, les exhorto a que anden como es digno del llamamiento con que fueron llamados: con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose los unos a los otros en amor, procurando con diligencia guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como han sido llamados a una sola esperanza de su llamamiento. Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos quien es sobre todos, a través de todos y en todos. (Ef. 4:1-6)

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