Lo que Dios Odia P6: La Imprudencia Pecaminosa

Encajar. Esta palabra ha llevado a miles de jóvenes a negar sus principios, tomar decisiones precipitadas, y hasta arruinar sus vidas. Por encajar, algunos han pisoteado la enseñanza de sus padres, negado la fe, y se han alejado de la comunión cristiana. Por encajar, algunos han parado en la cárcel o el cementerio.

El Proverbista advierte que Dios odia «los pies presurosos para correr al mal» (Pr. 6:18). Esta frase describe la actitud de una persona a quien pareciera que le urge hacer lo malo. Describe la actitud de muchos jóvenes que quisieran estar allí donde las cosas malas están pasando. Si no están allí, se sienten excluidos, solos, desconectados de la sociedad. No les importa sacrificar su propia identidad por adoptar una identidad que les hace compatibles con los malos.

Tener pies presurosos para correr al mal es una característica del hombre que no conoce a Dios. En lugar de caminar tranquilamente hacia una vida más piadosa mediante la comunión con Dios y con otros creyentes, esta persona corre sin control a todo aquello que ponga delante de sus ojos el pecado. Apresurarnos a correr al mal es tener una mente bloqueada a la santidad y cautiva por el pecado.

La Biblia tiene constantes referencias a esta actitud. Proverbios comienza advirtiéndonos de huir de las personas que buscan llevarnos al mal «porque sus pies corren al mal y se apresuran a derramar sangre» (Pr. 1:16). Cuando el Señor castigó la maldad de los hombres en el diluvio, vio que su corazón estaba inclinado hacia las cosas malas (Gn. 6:5). Cuando el apóstol Pablo hizo una lista de las características que describen a los pecadores que están bajo la ira de Dios, incluyó los pies presurosos para correr al mal (Ro. 3:15). Isaías dice que una de las cosas que hacen separación entre Dios y su pueblo es que «sus pies corren al mal, y se apresuran a derramar sangre inocente» (Is. 59:7)

«No cabe duda dónde se puede encontrar el malvado. Búsquelo donde se hacen las cosas ilegales e inmorales. De no estar ahí se pone desesperado. Nunca va a entender el concepto del shalom. Pero sí, va a escuchar la palabra final de Dios. ¡Abominable! ¡Rechazado!»[1]

Solo en la gracia de Dios nuestros pies pueden ser reorientados hacia su favor. Solo por el regalo inmerecido del Señor podemos dejar de correr hacia el mal y caminar por sendas de paz. Necesitamos un corazón que clame: «¡Ojalá fuesen estables mis caminos para guardar tus leyes! Entonces yo no sería avergonzado al observar todos tus mandamientos.» Cuando el Señor nos concede un corazón como este, podemos dejar de preocuparnos por encajar con los malos y nos unimos a la comunidad cristiana para caminar en rectitud.

Notas

[1] Carro, D., Poe, J. T., Zorzoli, R. O., & Editorial Mundo Hispano (El Paso, T. . (1993–). Comentario bı́blico mundo hispano Proverbios-Cantares (1. ed., p. 103). El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano.

Ayúdame a difundir