Leí la Biblia en 2020, pero no toda

Cuando nos acercamos al fin de un año y el inicio de otro, siempre hacemos un recuento de lo que hemos logrado. También recordamos aquellas cosas que nos propusimos y por alguna razón no logramos llevar a cabo. Y por supuesto, los hábitos espirituales son siempre una constante en nuestro pensamiento cuando se trata de metas cumplidas, no cumplidas, y nuevas metas para un nuevo año.

Este año me propuse con mucha seriedad e intención leer la Biblia, pero por primera vez no quise proponerme leerla completa. En lugar de leer tres capítulos diarios para leerla toda durante el año, quise usar un plan de lectura panorámica para comprender los principales eventos de la historia de la Biblia. Hace pocos años, leyendo el libro Cinco Cosas que Todo Creyente Necesita para Crecer, escrito por el Dr. R. C. Sproul, aprendí que en ocasiones es mejor tener una vista panorámica de lo que las Escrituras presentan para luego «rellenar» los libros que no hemos leído. Por tanto, diseñé un pequeño plan de lectura que me permitía leer un capítulo diario para obtener un panorama de la Biblia en el año.

Pero como suele pasar con muchas metas que nos proponemos, debo aceptar con cierta vergüenza que no completé el plan de lectura. Ciertas cosas pasaron que de alguna manera me distrajeron del propósito de leer constantemente la Biblia y fallé en leer la Biblia conforme al plan que me había propuesto. No obstante, tuve la bendición de continuar leyendo de manera más o menos constante; y aunque no llevaba el registro tan detallado de lo que leí, puedo decir con mucha alegría que este fue un año en que leí la Biblia de manera regular.

Luego hubo otro tiempo cuando, lleno de remordimiento por haber perdido el ritmo, me propuse leer la Biblia completa en 120 días. Comencé leyendo 20 capítulos diarios para ponerme al día y completar lo que en mi mente era una hazaña completa. No pasaron muchas semanas antes de que nuevamente me perdiera en el camino. Pero por la gracia de Dios pude ordenarme nuevamente con un plan menos ambicioso, y es así como leí Lucas y Hechos durante estos últimos cuarenta días del año 2020.

Lo importante es que leas la Biblia

Debo repetirlo con toda sinceridad: Lo importante es que leas la Biblia, sea con un plan o sin él. Muchas veces me he propuesto usar un plan de lectura, y al final termino triste o desanimado porque ya pasó una semana y no me puedo poner al día con el plan de lectura. Ese desánimo lastimosamente hace que pasen más días y continuemos lamentando haber perdido el ritmo de lectura. Por eso propongo que lo importante en realidad es que la leas como puedas.

Por supuesto, no quiero desvirtuar los grandes beneficios de un plan de lectura, ni mucho menos quiero despreciar la iniciativa de hermanos que muy fielmente tienen la disciplina de leer su Biblia completa una vez al año. Deberíamos seguir su ejemplo más bien. Sin embargo, lo que digo es que cuando nos sintamos desanimados por habernos perdido en el año sin leer, es cuando más deberíamos retomar nuestra lectura. No necesariamente debe ser con el mismo plan. Lo importante es que cada día tengamos un tiempo en la Palabra de Dios. Y si ya pasaron dos días o una semana, siempre es buen momento para volver a comenzar.

¿Tú también fallaste en tu lectura bíblica? ¡Tranquilo!

Como ves, si fallaste en tu lectura bíblica de este año, no eres el único. Eres parte de un grupo de millones de cristianos que luchan día a día con su propia imperfección e indisciplina respecto a sus hábitos espirituales. Esto no quiere decir que fallar en nuestros hábitos espirituales sea bueno; siempre debemos arrepentirnos tanto de las cosas malas que hacemos, como de las buenas que no hacemos. Ahora bien, quiero animarte a continuar luchando, y quiero compartirte algunos pequeños consejos que me han funcionado o he logrado discernir:

1- Ponte metas más realistas

Si sabes que la lectura de la Biblia no es tu fuerte, no cometas el error de ilusionarte como yo a leer 20 capítulos diarios. Esto podría llevarte al desánimo cuando por las tareas o el trabajo no puedas completar uno o dos días. Si es posible, proponte leer el Nuevo Testamento durante el año, o proponte leer un capítulo diario. Lo importante es que tu meta de lectura sea alcanzable.

El Señor Jesucristo enseñó sobre lo que cuesta seguirle, y creo que allí nos legó una gran enseñanza sobre la importancia de que aquello que nos proponemos hacer sea cuidadosamente planificado para que no caigamos en el error de la autoconfianza y nos encontremos siendo derrotados en la batalla: «Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar.» (Lucas 14:28-30)

2- No te desanimes cuando falles

El desánimo es lo peor que nos puede suceder cuando fallamos. En lugar de recobrar fuerzas, podemos comenzar por lamentarnos cada día y ver los días pasar de esa manera. Si te pierdes tres días, no necesariamente deberías intentar leer todo el contenido de esos tres días en uno. Cumple con tu lectura hoy. Créeme que habrá tiempo para recuperar lo que no leíste. Lo importante es que no te desanimes.

Un principio básico que he escuchado por allí en internet últimamente es que los hábitos son mejores que las metas. Quizá fallamos constantemente en nuestra lectura bíblica porque nos enfocamos en la meta y no en el desarrollo del hábito de lectura. Si leer la Biblia y orar se convierten en una meta numérica, probablemente olvidemos que son medios para tener comunión con el Señor y conocerle. Por tanto, podría sugerir un cambio de enfoque: de las metas a los hábitos.

3- Consigue a alguien con quien leer

Algunas veces, me he acompañado de personas que lean la Biblia conmigo. Incluso si no estamos en el mismo lugar, podemos fijar una hora en común y luego conversar de lo que hemos leído cuando nos vemos. Como dice la Escritura: «Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.» (Eclesiastés 4:9-10) Definitivamente, leer con alguien más puede serte de mucho provecho espiritual porque esta persona te levantará cuando caigas.

Al final, siempre y cuando leas un poco tu Biblia con la mente dispuesta a conocer verdaderamente al Dios de la Biblia, el Señor mirará con agrado tu esfuerzo por conocerle, amarle y obedecerle. Así que, más que marcar cada día un número de capítulos, simplemente lee la Biblia, quién sabe si al final terminas leyendo más de lo planificado.