A Veces es Momento de Pelear con Todas Nuestras Fuerzas (Judas 3)

En Mi Pobre Angelito 1, Kevin McCallister se prepara para comer su cena de microondas en la víspera de Navidad. De repente, el reloj marca las 9 de la noche, y la «Operación Ho Ho Ho» debe iniciar. Kevin debe defender su casa contra el robo de los Bandidos Mojados, así que no tiene tiempo de cenar.

Eso es lo que sucede precisamente con el versículo 3 de Judas. Mientras él estaba muy interesado en escribir una carta sobre «nuestra común salvación», le pareció que era urgente exhortar a sus lectores a contender por la fe que habían recibido. A veces, aunque hay mucho en lo que podríamos ocuparnos en la vida cristiana, es momento de defender la fe bíblica.

En esta tercera entrada de nuestra serie de artículos sobre la carta de Judas, consideraremos el contenido del versículos 3 de Judas para obtener enseñanzas prácticas.

Judas escribe lo siguiente en el versículo 3:

Amados, poniendo toda diligencia en escribiros acerca de nuestra común salvación, tuve necesidad de escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue transmitida a los santos.

(Judas 3 Biblia Textual IV Edición)

Un privilegio glorioso: Disfrutar nuestra común salvación

Judas se disponía con «toda diligencia» a escribir una carta que explicara y exaltara la grandiosa salvación de la que son beneficiarios los elegidos de Dios. ¿Qué cosa puede ser más importante que maravillarnos de la forma tan gloriosa en que el Señor nos ha salvado? En nuestras congregaciones, muchas veces las personas no se maravillan ante una predicación basada en Juan 3:16, porque creen que ese versículo y otros que hablan de la salvación son para personas que todavía no son creyentes. Sin embargo, todos deberíamos caer de rodillas ante una exposición clara de los versículos clásicos del evangelio. Deberíamos disfrutar recordando cómo hemos sido salvados del pecado y su poder.

El amor de Judas hacia sus lectores le impulsaba a recordar la gran salvación que el Señor les ha otorgado. Y leyendo la carta de Judas, pienso que una carta sobre el tema de la salvación escrita por Judas habría sido muy pintoresca, con muchos ejemplos de las liberaciones que Dios había otorgado a su pueblo en el Antiguo Testamento, culminando en el ejemplo supremo de liberación: El sacrificio de nuestro Señor Jesucristo para salvarnos. Los creyentes debemos disfrutar nuestra común salvación en todo momento. Debe ser el tema central de nuestra predicación, el motivo supremo de nuestras alabanzas, el tema recurrente de nuestras conversaciones, la confianza plena de nuestras oraciones. Sin embargo, sin dejar de hacer esto, a veces es necesario hacer algo más que simplemente disfrutar. A veces es momento de pelear con todas nuestras fuerzas por la fe que nos ha sido transmitida en las Escrituras.

Una necesidad urgente: Defender nuestra común fe

Muchas personas dicen que los creyentes no deberían discutir sobre temas doctrinales porque Jesús es relación, no religión. Nada más alejado de la realidad. La fe cristiana tiene un contenido histórico que la convierte en religión. Hay un mensaje con componentes específicos que ha sido recibido por los creyentes y que debe mantenerse y defenderse. El apóstol Pablo escribió a los corintios: «Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.» (1 Corintios 15:1-2). Según estos dos versículos, Pablo recibió el evangelio, lo predicó a los corintios, ellos lo recibieron, ahora perseveran en él, y la perseverancia en el mismo es una muestra de que ellos realmente lo creen.

Conocer el evangelio, perseverar en él, y defenderlo en tiempos de afrenta es una responsabilidad de todos los creyentes. Debemos mantener la pureza doctrinal histórica de la fe (religión) bíblica. No podemos contender ardientemente para defender el evangelio si no perseveramos en él, y cuando perseveramos en él, no podremos resistirnos de defenderlo cuando este es atacado. El evangelio es el tesoro de la Iglesia de Cristo, y como tal, este tesoro debe ser cuidado con nuestras propias vidas. Por eso Judas escribe que ellos deben agonizar luchando por el evangelio. Sus vidas dependen de ello, el valor y sentido de sus vidas está ligado a la fe que fue dada una vez por todas a los santos. No hay más que debamos buscar.

Hace unos días leí en Twitter que, en teología, lo nuevo nunca es bueno. Tenemos una fe que el Señor entregó a aquellos que vinieron antes de nosotros y la plasmó en las Escrituras. Ahora debemos sumergirnos en la Biblia para disfrutar nuestra común salvación. Cuando hagamos eso, sabremos cuando el evangelio es atacado, cuando el evangelio es menospreciado y confundido en nuestro entorno, y podremos defenderlo ardientemente. Si el reloj ya marcó su hora y debes luchar, hazlo con todas tus fuerzas y honra a tu Señor.