3 Bendiciones Espirituales que Dios Multiplica (Judas 2)

Sumar es fácil, comparado con multiplicar. Cuando sumas 100 + 100, obtienes 200. Pero cuando multiplicas 100 x 100, obtienes 10 mil. La diferencia en el resultado es gigantezca. Es desconcertador lo que un simple signo matemático puede hacer para que el resultado sea abismalmente diferente. Y eso es lo que Dios promete con la misericordia, la paz y el amor a través de Judas.

Hoy continuamos con esta serie de artículos sencillos basados en la carta de Judas, y nos enfocaremos en el versículo 2, el cual forma parte del saludo de la carta:

Misericordia, paz y amor les sean multiplicados.

Judas 2

Ciertamente, Dios no querrá que entendamos sus dones en términos matemáticos. No quiere que tomemos las virtudes cristianas de misericordia, paz y amor, y las metamos en una ecuación para analizarlas. En un sentido muy real, no podríamos recibir más misericordia, paz y amor del que ya hemos recibido en el evangelio. Estos tres dones que Dios otorga al pecador son definitivos.

Sin embargo, Judas dice que es posible que estas verdades se nos den en abundancia. Por eso algunas versiones traducen la frase «les sean multiplicadas» como «sean a ustedes en abundancia». El deseo de Judas es que sus lectores reciban la misma misericordia, paz y amor de manera más abundantemente para que disfruten la vida cristiana en plenitud.

Hoy quiero que pensemos en cómo Dios promete multiplicar la misericordia, la paz y el amor en nuestras vidas.

1- Dios promete multiplicar la misericordia en tu vida

El Diccionario Teológico Beacon destaca que la misericordia «es compasión en acción. Aunque el hombre es culpable y no merece que se mitigue su condena, Dios le extiende su misericordia.» Este es el sentido que debe venir a nuestra mente de forma inmediata cuando leemos la palabra misericordia en Judas 2. Dios es rico en misericordia, y por eso nos ha traído de la muerte espiritual a la vida en Cristo (Ef. 2:4-5). Él ya nos ha dado su misericordia al perdonar nuestros pecados.

No obstante, Judas y todos los escritores bíblicos reconocen nuestra obstinación, esa que muchas veces nos hace necesitar misericordia de Dios para perdonar nuestros pecados. Por tanto, la misericordia de Dios se multiplica en nosotros a causa de la multitud de nuestros pecados. Si tal no fuera el caso, estaríamos perdidos, porque amontonaríamos un historial desalentador desde el momento en que vinimos a Cristo hasta este día.

Otro sentido en que la misericordia de Dios se multiplica en nosotros es cuando practicamos la misma misericordia que hemos recibido. Ser misericordioso es parte esencial del carácter de un creyente verdadero; por eso el Señor dijo que los misericordiosos son bienaventurados (Mt. 5:7); por eso el apóstol Pablo llamó a los creyentes a perdonarse unos a otros de la misma manera en que Cristo los perdonó (Col. 3:13). La misericordia se multiplica en nosotros cuando somos misericordiosos; cuando somos conscientes de que todo lo que somos se debe a la misericordia de Dios e imitamos este hermoso atributo. Dios nos dará siempre oportunidades de ser misericordiosos con otros y así multiplicará la misericordia en nuestra vida.

2- Dios promete multiplicar la paz en tu vida

Para comprender cómo es que Dios multiplica su paz en nosotros, debemos primero comprender que la paz con Dios es el significado esencial del cual debemos partir para todo entendimiento o aplicación del término «paz» en el Nuevo Testamento. Antes de recibir la salvación por medio de Cristo, el ser humano no es más que un enemigo de Dios; en lugar de ser un hijo de Dios, es hijo de la ira de Dios (Ef. 2:3).

Por tanto, el Señor ha decidido traer paz a esta guerra entre su santidad y nuestro pecado a través de Cristo Jesús y la justificación que nos otorga en virtud de nuestra fe en Cristo (Ro. 5:1). Ninguna persona puede experimentar verdadera paz si esta no proviene de la paz con Dios por medio de Cristo. Esta paz es definitiva y nunca podremos alcanzar un nivel mayor de ella, pues descansa en el don irrevocable de la salvación.

Sin embargo, en la experiencia de los creyentes, la paz de Dios sí puede ser multiplicada por el perdón. Nosotros nos afanamos cuando pecamos, pues entendemos que nuestro pecado ofende a nuestro Dios, y eso nos causa gran angustia. Afortunadamente, el Señor promete que su paz puede crecer en nosotros cuando nuestros pecados son confesados y perdonados; podemos exclamar como David: «Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada y ha sido cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien el SEÑOR no atribuye iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño» (Sal. 32:1-2). ¡Qué paz la de David al entender que sus pecados fueron borrados a pesar de ser tan terribles!

La paz de Dios también puede ser multiplicada en nuestra vida cuando atravesamos la adversidad, por medio de la oración. El apóstol Pablo dice que nosotros muchas veces podemos dudar del Señor y entristecernos a causa de los afanes de la vida. Podemos perder la paz rápidamente. Sin embargo, en lugar de afanarnos, deberíamos orar y decirle al Señor todo aquello que nos aqueja. Cuando hacemos eso, la promesa para nosotros es que nuestros corazones y nuestras mentes serán guardados en Cristo por la paz que sobrepasa todo entendimiento (Fil. 4:7). Cuando oramos en lugar de quejarnos y afanarnos, el Señor inunda nuestras vidas con su paz y podemos estar tranquilos a pesar de las tribulaciones. Muchas veces no entenderemos esa paz, pero es real. Es una promesa.

3- Dios promete multiplicar el amor en tu vida

Nosotros amamos a Dios y a nuestro prójimo porque él nos amó primero. Eso enseña el apóstol Juan cuando escribe: «Nosotros amamos porque Él nos amó primero. Si alguien dice: «Yo amo a Dios», pero aborrece a su hermano, es un mentiroso. Porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto. Y este mandamiento tenemos de Él: que el que ama a Dios, ame también a su hermano.» De nuevo, como con la misericordia y la paz, el amor tiene un sentido objetivo y definitivo y un sentido subjetivo que tiene que ver con nuestra experiencia.

Dios nos ha amado real y definitivamente al llamarnos a ser parte de su familia (1 Jn. 3:1). Este amor es inamovible; no hay nada en el mundo ni fuera de él que nos pueda separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús (Ro. 8:38-39). Dios no puede amarnos más ni amarnos menos de lo que ya lo ha hecho al salvarnos. Lo que sí podemos recibir es una experiencia más profunda del amor de Dios, de manera que nosotros también amemos a nuestro Dios y a nuestro prójimo de maneras cada vez más evidentes.

De la misma manera en que Pablo estaba seguro de que nada puede separar a los creyentes del amor de Dios, nosotros necesitamos crecer en esa seguridad al considerar la manera tan perfecta en que el Señor ha ejecutado su redención en nosotros. También necesitamos crecer en nuestro amor unos con otros, pues es en esta dinámica hermosa del amor humano que el amor de Dios se perfecciona en nosotros; se afirma, crece, se multiplica (1 Jn. 4:12).

Misericordia, paz y amor en abundancia

Dios ha prometido multiplicar la misericordia, la paz y el amor en nosotros. Ahora solo queda que, como Judas, roguemos al Señor con un deseo sincero para que perfeccione estas cosas en nosotros. El Señor nos permita tener cada día una experiencia más profunda de su misericordia, paz y amor; y también nos ayude a imitarle al practicar la misericordia, la paz y el amor con nuestros hermanos.