3 Características Espirituales de Todo Creyente (Judas 1)

¿Sabes quién es un creyente? Si vas y preguntas a 20 personas, quizá obtengas 20 respuestas diferentes, o las 20 se decanten por el aspecto moral de una persona que exhibe en su vida ciertos valores extraídos de la Biblia. Sin embargo, hay mucho más que decir acerca de quién o cómo es un creyente. Hay verdades espirituales que no deben ser ignoradas, especialmente por los creyentes mismos. Estas son verdades que transforman la vida y producen asombro y descanso.

Hoy estoy iniciando una serie de artículos sencillos basados en la carta de Judas. Estos artículos no serán estudios profundos, pero te prometo que serán artículos con aplicaciones prácticas extraídas directamente de la carta, vertidas en formato sencillo para nuestro provecho espiritual.

Judas parece escribir su carta a todos los creyentes en general. Ciertamente, me parece que hubo un grupo específico de primeros lectores, aunque estos son desconocidos para nosotros. Lo más probable es que sean creyentes judíos porque Judas menciona muchas cosas contenidas en el Antiguo Testamento y en la literatura judía de la época. Lo más probable es que la carta fue escrita con un carácter general para las iglesias de Asia Menor.

Lo que sí es seguro es que los destinatarios de la carta tienen características espirituales que todos los creyentes poseen en virtud de la gracia de Dios que les ha sido dispensada en Cristo. Judas 1 dice que los destinatarios de la carta son «los llamados, amados en Dios Padre y guardados en Jesucristo».

Todo creyente es llamado por Dios

El llamamiento del que Judas nos habla no es la invitación general del evangelio a todas las personas. Si tal fuera el caso, podríamos decir que la carta es para todas las personas, pero Judas es claro en que la carta es exclusivamente para aquellos que comparten con él la «común salvación» (Judas 3). Hay un grupo de personas en las cuales la salvación es eficaz. El Señor Jesucristo afirmó que muchos son los llamados en un sentido general, pero el llamado espiritual es eficaz solo en aquellos que han sido escogidos (Mt. 22:14). Por tanto, si los lectores de Judas son creyentes verdaderos, el llamamiento que les es atribuido no es el llamado general del evangelio, sino el «santo llamamiento, no conforme a nuestras obras sino conforme a su propio propósito y gracia, la cual nos fue dada en Cristo Jesús antes del comienzo del tiempo» (2 Ti. 1:9).

Todo creyente es amado por Dios

El hecho de que los creyentes hayan sido eficazmente llamados a la salvación responde exclusivamente al hecho de que ellos son el objeto del amor salvador del Padre. El apóstol Pablo también dijo que los romanos eran los «amados de Dios» (Ro. 1:7), y el apóstol Juan nos invita a maravillarnos ante el amor de Dios que nos ha sido dispensado en la adopción (1 Jn. 3:1). Hay algunas versiones que traducen la frase de Judas 1 como «amados en Dios Padre» y otras que la traducen como «amados por Dios el Padre»; en todo caso, el Dr. Simon J. Kistemaker sugiere que estas dos opciones no debieran estar en conflicto: «Los creyentes viven en la esfera del amor de Dios y son, por ello, amados por Dios. La cláusula amados por Dios se refiere al medio ambiente en el cual Dios ama activamente a su pueblo. Dios, entonces, le concede su amor a su pueblo y al mismo tiempo les brinda la esfera en la cual él expresa su amor.»

Todo creyente es guardado por Dios

Nuevamente, estamos ante una frase con cierta ambigüedad en su traducción, pues algunas versiones la traducen como «guardados para Jesucristo»; otras la traducen como «guardados por Jesucristo»; y aún otras la traducen como «guardados en Jesucristo». En todo caso, el Nuevo Testamento puede apoyar cualquiera de las opciones. Los creyentes son guardados por Jesucristo, pues él no perderá a ninguno de los que le fueron entregados (Jn. 18:9). Los creyentes son guardados para Jesucristo, pues todo nuestro ser será presentado santo a Jesucristo en su venida (1 Ts. 5:23). Y todos los creyentes son guardados en Jesucristo, pues Cristo es la esfera en la que podemos disfrutar de la vida nueva que nos es dada en la salvación (2 Cor. 5:17), y es en Cristo que nuestros corazones y mentes son guardados para no perder la paz que sobrepasa todo entendimiento (Fil. 4:7). En todo esto, es Dios guardándonos de no caer para presentarnos victoriosos al final de los tiempos. Esa es nuestra gran seguridad.

Agradece a Dios por estas características que él en su gracia ha querido implantar en ti. Tienes todo lo que necesitas en él, así que vive en plenitud, descansando en la seguridad que el hecho de ser llamado, amado y guardado por Dios puede darte.