Formemos una Ética Cristiana del Trabajo

La ética, en palabras sencillas, es lo que nos permite determinar lo que está bien y lo que está mal, lo que es correcto y lo que no. Para hablar de ética cristiana del trabajo, primero debemos establecer una base sólida sobre la cual construir nuestras ideas. No podemos abordar la ética cristiana de la misma manera que abordaríamos un libro de valores morales, porque la ética cristiana va más allá del moralismo.

El moralismo puede ser adoptado e imitado por todo tipo de personas, la ética cristiana puede ser practicada solo por aquellos que han sido regenerados por la gracia del evangelio. Aquellos que no han recibido la luz del evangelio en sus vidas son incapaces de trabajar cristianamente, no importa los esfuerzos y adaptaciones que hagan de las enseñanzas bíblicas a su filosofía del trabajo.

De las tinieblas a la luz

Si el creyente ha de comprender la manera en que debe trabajar, debe primero comprender que ha sido traído de las tinieblas a la luz:

Por eso, no sean partícipes con ellos porque, si bien en otro tiempo eran tinieblas, ahora son luz en el Señor. ¡Anden como hijos de luz! (Ef. 5:7-8)

Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no puede ser escondida. Tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo de un cajón, sino sobre el candelero; y así alumbra a todos los que están en la casa. Así alumbre la luz de ustedes delante de los hombres, de modo que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos. (Mt. 5:14-16)

Estos pasajes ponen delante nosotros la base sobre la cual debemos entender todo nuestro actuar en la vida como creyentes. La ética cristiana no es un conjunto de reglas que se pueden romper de vez en cuanto, no es solo una manera de ordenar nuestras acciones en función de lo que es meramente moral según los estándares de la sociedad en que nos movemos.

La ética cristiana exige del creyente que comprenda lo que él es, para que luego comprenda qué debe hacer y cómo debe hacerlo. Si el creyente comprende que es luz, todo lo que hace y la manera en que lo hace estará impregnado por la luz y alumbrará a un mundo incrédulo. Esto incluye, sin duda alguna, nuestra manera de trabajar.

5 verdades bíblicas sobre el trabajo

Quizá el título de este artículo sea bastante prometedor. Sin embargo, debo admitir (para aquellos lectores que buscan ideas avanzadas) que mi propuesta sobre la ética cristiana del trabajo se puede resumir por ahora en cinco verdades bíblicas sobre el trabajo:

1- Fuimos creados para trabajar

Cuando el trabajo es visto como una maldición o como un mal necesario para obtener lo que necesitamos, fallamos en entender el trabajo desde su origen. No fuimos creados para vivir ociosamente disfrutando lo que Dios creó; fuimos creados para administrar la creación representando a nuestro Creador y allí encontrar nuestro disfrute:

Tomó, pues, el SEÑOR Dios al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo cultivara y lo guardara. (Gn. 2:15)

Antes de la caída, el propósito de Dios al poner a los primeros seres humanos en Edén fue precisamente que trabajaran en la administración del jardín. El Dr. Timothy Keller escribe en Toda Buena Obra: Conectando tu Trabajo con el de Dios que cuando vemos el trabajo simplemente como un mal necesario, pensamos que «el único buen trabajo es el que nos ayuda a hacer dinero de manera que podamos sostener a nuestras familias y pagar a otros por el trabajo poco importante».

Sin embargo, el trabajo es más que un medio para obtener dinero; es donde encontramos el sentido de ser portadores de la imagen de Dios. Cuando somos perezosos y no hacemos nada en la vida, estamos fallando en reflejar tanto la imagen de Dios como la luz del evangelio que nos ha alumbrado.

2- Todo trabajo lícito es digno

Uno de los más grandes errores que los cristianos hemos cometido por generaciones es pensar que algunos trabajos son más dignos que otros. Esto ha llevado a muchas personas, según Keller, a aceptar «empleos para los que no están calificados» porque «prometen salarios más elevados y prestigio», e incluso preferir «estar desempleados antes que realizar un trabajo que consideran inferior para sus capacidades».

No queremos ser insensibles ante lo difícil que es trabajar en un área que quizá no nos guste, pero debemos aceptar que todo trabajo que no rompe la ley terrenal y ni la enseñanza bíblica es lícito, y podríamos aceptar realizarlo si no tenemos más opciones. Jesús fue un carpintero (Mr. 6:3), Pablo fabricaba tiendas y se cansaba mucho (1 Tes. 2:9).

Esto es un testimonio de que los cristianos podemos desarrollar cualquier trabajo lícito que nos permita salir adelante. Quedarnos de brazos cruzados solo porque un trabajo no es acorde a nuestra preparación académica es fallar en entender que el trabajo es una bendición de Dios.

3- El creyente trabaja para tener

A veces se dice que el creyente no trabaja para sí mismo, sino para la gloria de Dios. Y eso es cierto. Sin embargo, a veces eso se pone en contraposición con el hecho de que el creyente glorifica a Dios trabajando diligentemente como una manera de obtener aquello que necesita.

Aunque ya hemos dicho que el trabajo es mucho más que intercambiar algo que hacemos por dinero, no hay nada malo con ver nuestro trabajo como un medio para obtener lo que necesitamos. Es digno y loable delante del Señor que tengamos la aspiración de vivir tranquilamente y que trabajemos diligentemente para no tener necesidad de nada y no ser carga para otros:

Tengan por aspiración vivir en tranquilidad, ocuparse en sus propios asuntos y trabajar con sus propias manos, como les hemos mandado; a fin de que se conduzcan honestamente para con los de afuera y que no tengan necesidad de nada. (1 Tes. 4:11-12)

El Señor ha dado la capacidad a los creyentes para trabajar diligentemente y suplir de esta manera sus necesidades. Quizá pensemos que el Señor es glorificado cuando oramos y leemos la Biblia, pero también debemos ser conscientes de que Él también es glorificado cuando trabajamos para proveer a los nuestros para sus necesidades. Esto arroja sobre nosotros un mandato ético de buscar ser personas productivas para la sociedad y a través de eso obtener el sustento de nuestras necesidades básicas.

4- El creyente trabaja para testificar

Cuando trabajamos, damos testimonio a otros de que la luz del evangelio nos ha alumbrado. El evangelio nos libera del poder del pecado, incluyendo la pereza. Ahora ya tenemos la capacidad de levantarnos, dejar nuestra zona de confort y poner todo nuestro empeño para trabajar tan bien como nos sea posible, porque sabemos que mediante esto nos conducimos honestamente para con los de afuera (1 Tes. 4:12).

Quizá durante toda nuestra vida las personas no nos verán orar, leer o predicar. Pero sí nos verán trabajar. Y al vernos trabajar, más vale que eleven su mirada a los cielos y glorifiquen a nuestro Padre (Mt. 5:16). Ese es el verdadero propósito por el cual debemos trabajar con excelencia; no trabajamos para promovernos a nosotros mismos, sino para dar testimonio de la gracia de Dios en nosotros.

5- El creyente trabaja para compartir

Abordando la transformación que el evangelio lleva a cabo en la vida de los pecadores, el apóstol Pablo escribió estas palabras a los creyentes en la ciudad de Éfeso:

El que robaba no robe más sino que trabaje esforzadamente, haciendo con sus propias manos lo que es bueno para tener qué compartir con el que tenga necesidad. (Ef. 4:28)

La generosidad y hospitalidad cristiana requieren recursos, y no podemos obtener los recursos que nos permitan ser generosos si no trabajamos esforzadamente. De la misma manera que reflejamos la imagen de Dios al trabajar honradamente, de la misma manera que obedecemos al Señor siendo responsables trabajando para obtener lo necesario, y de la misma manera en que testificamos a otros por medio de nuestro trabajo, también adornamos la doctrina del evangelio al imitar a nuestro Dios generoso compartiendo con aquellos que tienen necesidad.

Alumbrando las tinieblas con tu trabajo

Estas cinco ideas forman hasta ahora mi idea de una ética cristiana del trabajo. Ellas también dan origen a una imposición ética que el evangelio impone en mi vida y creo que en la vida de todos los creyentes: Debemos alumbrar las tinieblas de este mundo con la luz de nuestro trabajo. Espero al leer mi corto artículo también sientas esta imposición ética del evangelio sobre tu manera de trabajar, y al sentirla, pidas ayuda al Señor para trabajar como a él le agrada.

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