5 Características de Nuestro Servicio a Dios

El servicio es una parte importante de la vida cristiana. Todos los cristianos somos llamados a servir a Dios en nuestra vida, y no creo que haya muchos cristianos que se atrevan a negar esta realidad. Por eso, hoy quiero compartirte 5 características del verdadero servicio a Dios, las cuales encuentro en Lucas 1:68-72.

Para ponernos en contexto, es preciso mencionar que un ángel se apareció a Zacarías mientras este servía como sacerdote en el templo. El ángel le prometió a Zacarías que, a pesar de la edad avanzada de él y su esposa, el Señor les concedería un hijo que abriría paso al gran Libertador del pueblo de Dios. Ante esto, Zacarías se sorprendió y demostró su incredulidad ante esta promesa y, por tanto, se quedó mudo hasta el tiempo en que la promesa fuera cumplida. Por eso, cuando su habla fue restaurada, Zacarías pronunció estas palabras:

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo. Ha levantado para nosotros un Salvador poderoso en la casa de su siervo David, tal como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde antiguo: Salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecen, para hacer misericordia con nuestros padres y para acordarse de su santo pacto. Este es el juramento que juró a Abraham nuestro padre, para concedernos que, una vez rescatados de las manos de los enemigos, le sirvamos sin temor, en santidad y en justicia delante de él todos nuestros días.

Lucas 1:68-72

En este pasaje, encontramos tanto el propósito de nuestra redención, como la manera en que debemos llevar a cabo tal propósito.

El propósito de la redención es que sirvamos al Señor. El Señor prometió a Abraham que, habiendo sido rescatados de nuestros enemigos, ahora le sirvamos. Es claro por el resto de la Biblia que Zacarías no está hablando de una redención nacional simplemente, sino de una redención espiritual. Hemos sido comprados por un precio altísimo y ahora no somos autónomos, sino que pertenecemos en cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte, a Jesucristo, nuestro gran redentor. En palabras sencillas, hemos sido salvados para servir al Señor.

Si leemos cuidadosamente los últimos tres versículos de este pasaje, notaremos que nos brindan algunos aspectos cualitativos sobre el servicio que debemos brindar al Señor.

Debemos servirle sin temor. Muchas veces, el impulso que tenemos al servicio se ve opacado por nuestro temor. Tememos no ser capaces de servir al Señor. Tememos no poder derrotar al pecado y luchar por servir al Señor verdaderamente. A veces incluso, servimos por miedo a que no servir pueda ser motivo de castigo de parte de Dios. Pero debemos recordar que la gracia de Dios ya nos ha librado del pecado y su condenación. Debemos también recordar que nada de lo que hagamos puede hacer que Dios nos ame más o nos ame menos. No tenemos que impresionar a Dios sirviendo; debemos servir a Dios sin temor, porque él se ha agradado en librarnos de la condenación del pecado y su esclavitud. Por tanto, ahora podemos servir en libertad, sin temor.

Debemos servir en santidad. Nuestro servicio debe estar marcado por una verdadera devoción y dedicación al Señor. Servir al Señor en santidad significa que nuestro servicio debe ser consciente del Dios a quien servimos, conscientes de su santidad. También significa dejar a los dioses que promueve nuestra cultura como la popularidad y el dinero, y reservar nuestro servicio al Señor solamente. Nuestro servicio debe ser un servicio apartado y exclusivo para el Señor.

Debemos servir en justicia. Nuestro servicio debe estar marcado por lo que es recto, justo y bueno delante de Dios. Debemos servir con integridad delante del Señor. Servir en justicia es hacerlo buscando que nuestra práctica sea conforme a la justicia de Dios revelada en la Biblia. Debemos vivir y servir conforme a la Biblia.

Debemos servir en la presencia de Dios. Este es un privilegio que abre la puerta a todos los creyentes para servir y ministrar a otros con libertad. Zacarías era un sacerdote, y él solo podía entrar cuando era autorizado a servir en la presencia del Señor en el templo. Pero su alabanza a Dios afirma que ahora los creyentes, en virtud del sacrificio de Cristo, tenemos acceso a la presencia de Dios para servir y ministrar delante de él. Cristo nos abrió un camino directo al Señor para que le sirvamos y nuestro servicio le sea agradable.

Debemos servir todos nuestros días. El llamado al servicio no es un llamado al activismo temporal. Debemos comprender el servicio como la vocación de los redimidos y no como una actividad que desarrollamos una vez a la semana, durante algunos años. Por definición, los cristianos no somos personas que sirven, somos siervos de Dios. Esa es nuestra identidad.

Hemos recibido dones, talentos, habilidades, y recursos. Y estos no son para que seamos personas talentosas o con recursos simplemente. Hemos recibido estas cosas para servir al Señor por medio de servir a su iglesia. Ese es el propósito de aquellas cosas que hemos recibido del Señor.

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